APATZINGÁN, MICHOACÁN, 9 DE JULIO DE 2026.– Vivimos en un país partido en dos: mientras comprar un automóvil es una utopía para millones, adquirir una motocicleta se ha convertido en un trámite más sencillo que comprar un celular. Pero esta «solución» económica está derivando en una crisis de sangre y asfalto que ya cobra vidas a diario.
El crecimiento es explosivo y descontrolado. En 2025 se vendieron 2 millones de motocicletas, el doble que antes de la pandemia, según la AMFIM. ¿La razón? El precio. Por 20 mil pesos te subes a una, mientras que un auto nuevo no baja de 200 mil pesos. Ante esta brecha brutal, los hogares mexicanos, que destinan hasta el 21% de sus ingresos al transporte, ven en la moto la única vía de escape. Pero ¿a qué costo?
La pesadilla está en las calles y nadie la frena. El «boom» de las motocicletas no solo es un tema de estadística, es un problema de seguridad nacional. Los datos son escalofriantes: actualmente, 5 de cada 10 accidentes fatales involucran a una motocicleta, cuando antes de la pandemia eran solo 2 de cada 10. La razón es una bomba de tiempo:
- FAMILIAS ENTERAS DESAFIANDO A LA MUERTE: Padres de familia, ante la falta de transporte público digno, suben a sus hijos pequeños y a sus esposas en un vehículo de dos ruedas, sin protección alguna, exponiéndolos a morir ante el mínimo impacto.
- MENORES DE EDAD AL VOLANTE: Es cada vez más común ver a adolescentes, e incluso niños, conduciendo estas unidades sin la madurez ni la pericia necesarias, convirtiendo las avenidas en un videojuego mortal.
- IMPRUDENCIA Y EXCESO DE VELOCIDAD: La desesperación por llegar rápido convierte las motos en proyectiles. Se pasan los altos de los semáforos como si fueran sugerencias, zigzaguean entre carriles y circulan a exceso de velocidad, desafiando toda lógica y normativa.
«Se ha convertido en un medio de transporte y en un medio de trabajo», explica Nicolás Rosales, presidente de la AMTM. «Pero si alguien gana uno o dos salarios mínimos, prefiere moverse los tres en una motocicleta: dejan al niño en la escuela, luego a la señora y después se van a trabajar». Esa es la cruda realidad, pero también la sentencia de muerte silenciosa que muchos firman a diario.
LA LEY EXISTE, PERO ES LETRA MUERTA
El problema no es solo la falta de precaución, es la total impunidad y falta de regulación efectiva. Aunque el reglamento exige que ocupen un carril completo, la realidad es un caos: invaden ciclovías, se cuelan entre autos y nadie los detiene. «En los corralones hay muchísimas motocicletas abandonadas, porque a veces es más barato comprar otra moto que sacar la que fue remitida», denuncia Julio Guzmán, evidenciando que la multa no es un castigo, es solo un gasto más.
MIENTRAS LOS AUTOS SE RECUPERAN, LAS MOTOS MATAN
Sí, el mercado automotriz creció un 1.3% en 2025, pero eso no alivia la crisis: los precios elevados y las dificultades de financiamiento mantienen al automóvil en una vitrina inalcanzable para la mayoría.
El mensaje final es desgarrador y urgente: La motocicleta es la única opción para sobrevivir económicamente, pero está matando a la población por falta de cultura vial y aplicación de la ley. Las autoridades tienen la obligación moral de intervenir antes de que el crecimiento del parque motociclista se siga traduciendo en más huérfanos y familias destrozadas en el asfalto. No es un problema de tráfico, es un problema de vida o muerte.












