Morelia, Michoacán, 14 de abril de 2026. – En un señalamiento duro y directo, el dirigente estatal del PRI, Memo Valencia, afirmó que el “condenable homicidio” del ambientalista Roberto Chávez Bedolla es la prueba más evidente del fracaso absoluto del Plan Michoacán, una estrategia oficial que, según denunció, no ha servido para detener a los verdaderos delincuentes que mantienen asoladas regiones enteras como Madero, Acuitzio y el sur de Morelia.
“SU PINCHE PLAN MICHOACÁN no ha servido de nada, de absolutamente nada, porque siguen matando a nuestra gente”, lamentó Valencia, quien además cuestionó si dicho plan siquiera sigue vigente o si alguna vez existió, ante la espiral de violencia que no cesa.
PLANTAZO MILITAR QUE PUDO SER FATAL
En un giro aún más indignante, el líder priista reveló que el comandante Juan Bravo Velázquez de la XXI Zona Militar de Morelia los dejó plantados —junto con los ambientalistas, incluido el ahora occiso Roberto Chávez— cuando ya tenían una reunión pactada el pasado 16 de marzo.
“Si nos hubieran hecho caso en ese momento, tal vez Roberto estaría vivo”, sentenció Valencia, evidenciando una omisión que pudo haber sido determinante para evitar la tragedia.
GOBERNADOR, ¿CÓMPLICE DE LA DELINCUENCIA?
Sin filtros, Memo Valencia apuntó directamente contra el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla, a quien calificó como cómplice de los criminales por su omisión en el deber de brindar seguridad.
“Alfredo Ramírez Bedolla es cómplice de la delincuencia”, insistió, “porque por su omisión está permitiendo que asesinen a nuestros activistas sociales, a la gente de bien, a defensores de los bosques como Roberto”.
El dirigente cerró con una pregunta que retumba en todo Michoacán: “¿Qué sigue? ¿Piensa que por ir a hacer rondines es combatir a los delincuentes? No hay una estrategia integral”.
Los Comités de Defensa Ambiental de Madero, Acuitzio y el sur de Morelia —que en 11 ocasiones han acudido a la Tribuna del Pueblo sin recibir atención— siguen exigiendo justicia y, sobre todo, que el gobierno deje de ser un espectador más ante la ola de violencia.



























