Apatzingán, Michoacán, 15 de octubre de 2026.– La violencia entre carteles volvió a cobrar la vida de dos personas de una familia en la comunidad rural de El Guayabo (también conocida como Cuauhtémoc Cárdenas), ubicada a 18.4 kilómetros al noroeste de la cabecera municipal de Apatzingán. Un padre y su hija de ocho años fueron asesinados durante un ataque armado perpetrado por sicarios al servicio de un cartel que irrumpieron en su vivienda la noche del martes.
El abuelo de la menor, Conrado Pérez, confirmó que Alexa falleció durante la madrugada de este jueves en el Hospital Infantil de Morelia, donde permanecía internada tras haber recibido dos impactos de bala: uno en el abdomen y otro en la pierna. Su padre, José Luis, murió en el lugar de los hechos tras ser alcanzado por las balas que dispararon a la vivienda mientras dormía junto a sus hijos.
“Se murió mi niña”, expresó Conrado Pérez al dar a conocer el deceso. El hombre acudió al Servicio Médico Forense (SEMEFO) de Morelia para realizar los procedimientos correspondientes y posteriormente trasladar el cuerpo de Alexa de regreso a su comunidad de origen, donde será sepultada junto a su padre.
LA NOCHE DEL ATAQUE: “LOS SOLDADOS NO HICIERON NADA”
De acuerdo con el testimonio de Conrado, la noche del martes su hijo ya descansaba con sus nietos cuando comenzaron las detonaciones. Hombres armados irrumpieron en el domicilio y dispararon contra José Luis por la espalda, mientras las balas también alcanzaron a la pequeña Alexa, quien pese a estar herida logró comunicarse con sus familiares para advertirles del ataque.
La menor fue trasladada en un helicóptero de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) a Morelia, donde recibió atención médica especializada. Sin embargo, no sobrevivió.
El abuelo denunció que ELEMENTOS MILITARES DE LA BASE DE OPERACIONES INTERINSTITUCIONALES (BOI) permanecieron sin intervenir pese a las súplicas de auxilio de los pobladores. “Los soldados no hicieron nada, por más que fuimos a maltratarlos y les dijimos que nos ayudaran, pues no, estaban ahí nomás, se hacían pendejos, no se animaban a ir para la cerca”, declaró.
“Ellos nada más observaron cómo estuvo todo el ataque y demás, y no hicieron nada”, insistió Conrado, convencido de que la historia pudo haber sido distinta si quienes estaban desplegados en la comunidad hubieran actuado. La única intervención de los militares fue trasladar a la niña herida a Morelia cuando ya no había nada que detener.
CARTELES Y UNA GUERRA QUE DEVORA COMUNIDADES ENTERAS
Aunque el abuelo identificó a los agresores como integrantes de un cartel que busca apoderarse de esa zona de la Tierra Caliente, las autoridades no han confirmado oficialmente la identidad del grupo criminal. Lo que sí es un hecho es que la guerra entre carteles ha dejado a familias de comunidades enteras sumidas en la violencia, obligándolas a desplazarse de sus hogares.
El Guayabo no es la excepción. Varias familias ya han sido desplazadas por la violencia y algunas apenas comenzaban a regresar a sus viviendas cuando ocurrió este nuevo ataque. Ahora, entre el duelo y el miedo, varias familias hablan de abandonar el pueblo antes de que la violencia vuelva a tocar sus puertas.
José Luis, padre de Alexa, tenía apenas mes y medio de haber regresado de Estados Unidos.
“La gente tiene miedo”: una comunidad al borde del abandono
En El Guayabo quedó una casa perforada por las balas, un padre convertido en víctima y una comunidad que vuelve a preguntarse si todavía es posible vivir donde cada noche puede convertirse en la última.
Mientras tanto, en Morelia, Conrado Pérez enfrenta la pérdida de su hijo y de una niña de ocho años. La pregunta que lo acompaña desde la noche del martes sigue ahí, sin respuesta: si los soldados estaban ahí, ¿por qué nadie salió a defender a El Guayabo?
La familia se prepara para despedir a ambos en El Guayabo, donde serán sepultados juntos. La madre de Alexa, que viajaba desde Tijuana, llegó para acompañar a Conrado en el último adiós.
La violencia entre carteles no da tregua en Michoacán. Y comunidades como El Guayabo quedan atrapadas en el fuego cruzado, mientras las familias empacan lo poco que les queda y se preparan para huir.










