Zitácuaro, Michoacán, 13 de Julio de 2026.- Si alguien pensaba que la política era solo discursos y fotos, Gladyz Butanda vino a demostrar que también es un reality show de trueque, pero sin devolución.
Durante un mitin que prometía ser el típico evento con porras, globos y promesas al aire, la exfuncionaria convirtió los puestos de comerciantes locales en su despensa personal de campaña. Según testigos, Gladyz se acercó a varios locatarios, les pidió mercancía «para el pueblo» y, con una sonrisa de candidata en campaña, se comprometió a pagar después. El detalle es que: el después nunca llegó.
Los vendedores, confiando en la palabra de una exfuncionaria (error de principiantes, lo sabemos), entregaron productos como si fueran patrocinadores de la política. Pero Gladyz repartió todo entre los asistentes como si fuera piñata gratuita, y cuando terminó el evento, agarró su bolso, se subió a su camioneta y desapareció más rápido que una promesa de campaña en año no electoral.
Entre risas nerviosas y coraje, los locatarios expresaron su molestia con frases como: «Nos dijo que era para la causa, pero la única causa que se llevó fue la nuestra: la de no cobrar». Y es que lo más grave no es que no haya pagado, sino que lo hizo con estilo: pidió, recibió, repartió y se esfumó como si fuera una funcionaria en comisión de «ahorro extremo».
Mientras algunos políticos se gastan millones en vallas publicitarias, Gladyz Butanda demostró que se puede hacer campaña con crédito en bodegas y buena labia. Eso sí, su popularidad entre los comerciantes de Zitácuaro ahora compite con la de un cobrador de impuestos. Fuentes no confirmadas aseguran que su próximo mitin incluirá una rifa con premios que aún no ha comprado.
Lo más importante de este escándalo es que Gladyz Butanda pidió mercancía a comerciantes durante su mitin y pagó en solo un porcentaje, mientras los productos eran repartidos entre los asistentes como si fueran souvenirs. Los vendedores ya la buscan, pero no para pedirle un autógrafo, y el caso ya es tema de burla en redes, donde la han nombrado «La Reina del Crédito Político».
Si alguien ve a Gladyz, que le recuerde que en Zitácuaro los tamales y las garnachas no se pagan con «presencia». Y si vuelve a hacer campaña, que sepa: aquí la única boleta que le van a dar es la de cobranza. ¿Fin de la historia? No, apenas empieza el capítulo de los comerciantes organizados y con calculadora en mano.













