Apatzingán, Michoacán, 23 de Junio de 2026..- Lo que en su momento fue vendido como el “orgullo de la ciudad”, el andador y ciclovía de la avenida Morelos, ha terminado convertido en el paso peatonal más pestilente y poco higiénico del municipio. Aquella obra que con bombo y platillo vino a inaugurar el mismísimo gobernador Fello Bedolla, y que sería el parteaguas para la movilidad urbana, ahora luce más como una explanada ecuestre improvisada que como un espacio para el deporte y la convivencia.
Resulta que los caballerangos locales, haciendo gala de una creatividad que no pedimos, han decidido que el concreto estampado y la ciclovía son el terreno perfecto para sus paseos a caballo. Olvídense de los senderos rurales o los caminos de herradura; la modernidad ahora es pasear a lomo de caballo justo por donde la gente camina, trota y pasea a sus hijos.
El «Toque» Gubernamental que Apesta
Recordemos que esta obra fue el escaparate del actual gobierno estatal. Ahí posaron las autoridades, con sus cascos de seguridad y palas decorativas, prometiendo una ciudad de primer mundo. Hoy, el único olor a «primer mundo» que se percibe es el que desprenden las montañas de estiércol equino que los paseantes encuentran casi a diario. El andador, que debía ser un símbolo de progreso, se ha transformado en la ruta encuentre de Apatzingán donde lo único que se cosecha son estiércol de caballo.
EL COCHINERO LLENO DE MIERDA DE CABALLO
El problema no es menor. Mientras el gobierno municipal se echa flores en redes sociales, en la avenida Morelos el espectáculo es dantesco. Los peatones y estudiantes que acuden a la máxima casa de estudios en Apatzingán llámesele Tecnológico de Apatzingán, tienen que jugar una peligrosa y asquerosa lotería para no pisar la «bomba» que los caballos dejan a su paso. Es común ver a las damas y jóvenes estudiantes haciendo eslalon entre los montículos de estiércol, mientras los ciclistas, que deberían ser los reyes de esa pista, terminan esquivando el «abono orgánico» que los jinetes confunden con un tapete.
Lo que el gobernador no vio en la foto de inauguración
Parece que la autoridad tiene una visión selectiva. Inaugurar una obra es fácil, mantenerla y evitar que se convierta en un chiquero es lo que cuesta trabajo. Mientras el gobernador se toma la foto en la inauguración de la ciclovía a plaza Akia, al otro lado de la avenida la realidad es tosca y maloliente. La pregunta que ronda en el aire, entre el tufo a heno y excremento, es: ¿Dónde están los reglamentos municipales? Porque si hay multas para los carros mal estacionados, debería haber cárcel o corral para estos jinetes que confunden una ciclovía con la ruta del peregrino.
El llamado a la conciencia… y a la escoba
Mientras la administración municipal limpia camellones, olvido que en las madrugadas un grupo de jinetes se la rifa tirando estiércol, los habitantes ya están hartos de que su principal vialidad huela a establo en pleno centro. Exigimos que, de una vez por todas, se le ponga orden a este «DESMADRE ECUESTRE». Porque si el proyecto original era que la que la avenida Morelos fuera un andador para la gente, no un «drive-thru» de mierda de caballo.
Es momento de que las autoridades bajen de su nube de cemento y se den una vuelta con zapatos blancos por la ciclovía. Seguro así les urge ponerle solución a este cochinero.














