Morelia, Michoacán, 18 de mayo de 2026.- Con una inversión que supera los 100 millones de pesos, el Gobierno estatal presume la construcción de 45 canchas de fútbol 7 en municipios con alta incidencia delictiva. La estrategia, según el titular del SESESP, César Erwin Sánchez Coria, es clara: prevenir el delito a través del deporte y alejar a los jóvenes de la violencia con torneos como el Jalo Futbolero, dirigido a personas de 18 a 29 años.
Suena bonito sobre el papel. Pero una cancha no disuelve bandas delictivas ni desactiva un narcomenudeo.
Por más que las llamen “Canchas por la Paz” (ubicadas en Morelia, Uruapan, Zamora o Lázaro Cárdenas), la realidad es que la inseguridad no se resuelve con pasto sintético y porterías. El propio gobierno sabe que los espacios deportivos ayudan, sí, pero no sustituyen policías bien pagados, fiscalías eficaces ni combate real a la corrupción.
El funcionario detalló que, además del futbolito, hay otros cinco programas (prevención de violencia de género, bienestar animal, etc.). Loable, pero ético es decirle a la gente que 100 mdp en canchas son un complemento, no una solución. Mientras los homicidios y extorsiones siguen en la agenda, la apuesta principal parece ser patear el balón en vez de encarar el problema de fondo.
Lo más importante en negrita:
La inversión supera los 100 millones de pesos en canchas de fútbol 7.
Una cancha no soluciona la inseguridad, aunque ayude al tejido social.
El gobierno evade abordar con profundidad el combate al crimen y prioriza obras de bajo impacto real contra la delincuencia.
Al final, el mensaje chusco pero certero: con puro “Jalo Futbolero” no alcanza; hace falta “Jalo Fiscalía” y “Jalo Justicia” también.













