Apatzingán, Michoacán, 26 de septiembre de 2026.- La presentación de las candidatas a Reina de las Fiestas Octubrinas 2026 dejó al descubierto una falla de fondo en la organización del certamen: la falta de preparación de las participantes en materia de cultura general e historia local, un requisito que la propia convocatoria establece como obligatorio y que, sin embargo, ninguna de las tres candidatas pudo acreditar ante los medios de comunicación.
El requisito que la convocatoria exige y que no se cumplió
La convocatoria del certamen es clara: las participantes deben tener conocimiento de la Constitución de Apatzingán de 1814 y de la cultura general del municipio. No se trata de un dato menor ni de un capricho protocolario: es, de hecho, el primer requisito que distingue a este certamen de un simple desfile de belleza, y el que le da sentido histórico a que las Fiestas Octubrinas lleven el nombre de la ciudad que vio nacer ese documento fundacional.
Al ser cuestionadas sobre los Sentimientos de la Nación de José María Morelos y el número de artículos de la Constitución de 1814, ninguna de las tres candidatas supo responder con precisión. Una de ellas reconoció abiertamente que «no le podría responder» a la pregunta. Este no es un señalamiento contra las jóvenes, quienes se presentaron con disposición, respeto y entusiasmo ante los medios. El señalamiento es directo hacia quienes tienen la responsabilidad de prepararlas.
Un coordinador, tres candidatas… y sesenta niñas más
Aquí es donde el certamen revela su verdadero problema estructural. El profesor Carlos Rodríguez, encargado de la coordinación y preparación de las candidatas, no solo tiene bajo su responsabilidad a las tres jóvenes que buscan la corona, sino que además coordina un semillero de 60 niñas adicionales que también están siendo formadas en el ámbito del modelaje y la pasarela.
El dicho popular lo resume con precisión: «el que mucho abarca, poco aprieta.» Resulta cuando menos cuestionable que quien debía concentrar sus esfuerzos en preparar de manera integral a únicamente tres candidatas —quienes representan el rostro público del certamen ante medios y ciudadanía— haya optado por multiplicar su carga de trabajo con un grupo casi veinte veces mayor, en detrimento evidente de la calidad de la preparación.
El resultado quedó documentado en video y ante la prensa: las candidatas dominan la pasarela, el discurso de valores y las buenas intenciones, pero desconocen los elementos históricos básicos que la propia convocatoria exige como requisito de entrada.
No es un concurso de solo belleza, y ese es justamente el punto
Cuando ante el cuestionamiento periodístico surgió la incomodidad de algunos organizadores, uno de ellos llegó a hablar de «dolo» en la pregunta, como si señalar una carencia real fuera un ataque. No lo es. Es, precisamente, la función del periodismo: evidenciar que un certamen que se promociona como formador de «reinas integrales» —según palabras de los propios organizadores— no puede sostener ese discurso si a la hora de la verdad las candidatas no conocen ni los fundamentos históricos de su propia ciudad.
Si el certamen exige a las jóvenes conocimiento constitucional e histórico como parte de sus requisitos, es obligación de quien las prepara garantizar que ese conocimiento exista, no solo la coreografía, el vestuario y la actitud sobre el escenario. Reducir la preparación a la estética y a la presencia física, mientras se diluye la atención en decenas de niñas adicionales, no solo incumple lo que la propia convocatoria promete, sino que desvirtúa el certamen frente a la ciudadanía y le resta seriedad institucional.
La responsabilidad no es de las candidatas
Vale la pena insistir: las tres jóvenes actuaron con la disposición y el respeto que corresponde a su edad y a la situación. El llamado de atención no es hacia ellas, sino hacia la estructura organizativa que debía blindarlas con las herramientas necesarias para representar dignamente —y con conocimiento— a Apatzingán, cuna de la primera Constitución mexicana.
Con la final programada para el 10 de octubre, aún hay tiempo para que la coordinación del certamen corrija el rumbo y demuestre que las Fiestas Octubrinas son, en efecto, un espacio de formación integral, y no únicamente una pasarela de belleza disfrazada de tradición histórica.
UN ANTECEDENTE QUE LA ORGANIZACIÓN PARECE NO RECORDAR
Esta no es la primera vez que la falta de preparación de las candidatas de Apatzingán queda expuesta públicamente. En el pasado, una ganadora del certamen fue exhibida a nivel nacional en un programa de televisión al no poder explicar la preparación de un platillo representativo de la gastronomía local: La Morisqueta, uno de los símbolos culinarios más reconocidos de Apatzingán y, para muchos, un elemento tan identitario del municipio como su propia historia constitucional.
Que un antecedente de esta magnitud ya haya ocurrido y que, aun así, la organización continúe repitiendo el mismo error de fondo, no habla de un tropiezo aislado, sino de una falla sistemática en la manera en que se prepara a las representantes de la Apatzingán. Exponer a una reina Apatzinguense ante cámaras nacionales sin que pueda hablar con propiedad de un platillo tan emblemático como la morisqueta debió haber sido, en su momento, una señal de alarma suficiente para replantear el modelo de preparación. El hecho de que hoy, años después, las candidatas tampoco puedan responder sobre la Constitución de 1814 confirma que esa lección no se aprendió.













