Apatzingán, Michoacán, 21 de julio de 2026.– En la sesión de cabildo de este martes, regidores de distintas fracciones revivieron una vieja iniciativa que, pese a los discursos y la retórica oficial, nunca ha logrado concretarse en la ciudad: la construcción de un elevador hidráulico en el Palacio Municipal. Sin embargo, lejos de tratarse de una visión innovadora, la propuesta ya había sido anunciada con bombo y platillo durante la administración de Genaro Guízar Valencia, y su regreso al debate público plantea más preguntas que certezas.
El punto fue ingresado a la orden del día sin un proyecto ejecutivo ni una fuente de financiamiento clara. Durante la discusión, las y los integrantes del cuerpo colegiado de cabildo se enfrascaron en un estéril intercambio de opiniones sobre la autoría de la ocurrencia, mientras se sugería, casi como ocurrencia, que fueran los propios regidores quienes aportaran los recursos para su edificación. Ante la falta de viabilidad económica y técnica, el asunto fue turnado a comisión para su «análisis», una fórmula que en la práctica suele significar el congelamiento del tema.
LO MÁS RELEVANTE DE LA SESIÓN NO FUE LA PROPUESTA, SINO SU CARÁCTER DE «DEJÁ VU» POLÍTICO. Fuentes dentro del propio ayuntamiento recordaron que esta misma iniciativa ya se planteó durante la gestión de Genaro Guízar Valencia, pero el proyecto quedó en el olvido tras los vaivenes judiciales que sacudieron a esa administración.
El contexto histórico es inevitable: en 2009, el entonces presidente municipal Genaro Guízar fue detenido en el operativo federal conocido como «El Michoacanazo», acusado de presuntos vínculos con el crimen organizado. Su mandato fue suspendido temporalmente y asumió como sustituto J. Guadalupe «Lupillo» Jaimes, quien al frente del interinato tampoco retomó la obra. Guízar regresó al cargo tras ser liberado por falta de pruebas, pero el proyecto del elevador, como muchas otras promesas, quedó sepultado entre la desconfianza y el estigma.
Cabe destacar que en ese mismo tiempo, se planteó la posibilidad de instalar las oficinas de la presidencia municipal y la sala de cabildos en la planta baja de palacio municipal, sin embargo toda la planeación quedó con la instalación y la Creación de la Dirección de Atención Ciudadana, justo donde estaba instalada una copiadora al costado de las escaleras.
La historia se repite, pero los resultados brillan por su ausencia. Hoy, en 2026, la propuesta resurge en el discurso de nuevos regidores, pero con los mismos vicios de origen: sin presupuesto, sin dictamen técnico y sin la voluntad política de priorizar obras que realmente impacten a la ciudadanía. Mientras tanto, la población de Apatzingán asiste a un nuevo episodio de propuestas recicladas que, administración tras administración, se turnan a comisión y mueren en el cajón del olvido.
El cabildo deberá definir en próximas sesiones si este proyecto será una realidad o si, como en el pasado, se convertirá en otro ejemplo de la incapacidad política para trascender los intereses internos y las ocurrencias sin sustento. Lo único claro hasta ahora es que, para la ciudadanía, la promesa de un elevador hidráulico ya lleva más de 17 años subiendo y bajando en el discurso, pero sin jamás llegar a su destino.
La pregunta que realizó un regidor a quienes lo propusieron que obra se va cancelar, pues el plan operativo anual ya esta realizado y no el elevador no está presupuestado. Finalmente lo único revelador de esta caso es que pese a saber que obras, compras y gastos que excedan ciertos límites se deben presupuestar y analizar antes de realizar el plan operativo Anual y no realizar ocurrencias cuando este ya se realizó. ¿Qué ocurrencias no cree usted? Hasta nombre populacho le pusieron al elevador.













