Apatzingán, Michoacán, 3 de Febrero de 2026.– La macabra incógnita fue resuelta. Tras once largos y angustiosos días en las frías instalaciones del SEMEFO de Apatzingán, las dos víctimas de un salvaje crimen han sido finalmente identificadas. Los cuerpos, brutalmente desmembrados y envueltos en cobijas, que sembraron el terror a la orilla de la carretera, ¡eran primos!
El hallazgo, realizado hace casi dos semanas por elementos del Ejército Mexicano en el tramo Apatzingán-Buenavista, cerca del paraje conocido como Zarapitiro, mantuvo en vilo a toda la región. La Fiscalía confirmó que se trata únicamente de dos personas, despejando versiones iniciales que hablaban de un mayor número.
La identidad de las víctimas revela una trágica historia familiar al tratarse de David R., de 24 años, originario y vecino de Apatzingán y su primo Juan Agustín C., de 27 años, originario de La Huacana.
Ambos compartían no solo la sangre, sino también el oficio: trabajaban como jornaleros, cortadores de limón. Este escalofriante detalle pone en foco la vulnerabilidad de los trabajadores rurales en una de las zonas más complejas del país.
Este doble homicidio, ejecutado con extrema crueldad, enciende alarmas rojas sobre la violencia que persiste en la Tierra Caliente de Michoacán. La comunidad exige justicia y respuestas claras sobre el móvil de un crimen que ha destrozado a dos familias y conmocionado a toda una región.
¿Qué los llevó a tan trágico final? La investigación, que apenas comienza, tiene la obligación de develarlo.
La Fiscalía Regional de Tierra Caliente aun investiga, si el fallecimiento de las víctimas se dio en el lugar de la explosión en una comunidad de Buenavista.



























