Uruapan, Michoacán, 19 de enero del 2026.– La espiral de terror no cede en Uruapan, donde los balazos vuelven a ser el sonido de la cotidianidad. Mientras las autoridades se enredan en discursos políticos, los ciudadanos enfrentan la crudeza de una guerra sin cuartel que esta tarde cobró varias vidas en diferentes puntos de la ciudad.
HORROR A PLENA LUZ DEL DÍA: Un hombre, cuya identidad aún es un misterio, fue salvajemente ejecutado a balazos en la colonia Casa del Niño. El crimen, perpetrado alrededor de la 13:00 horas exhibió la audacia mortal de los criminales, quienes atacaron a su víctima sobre la calle Márquez y huyeron impunemente, dejando el cuerpo sin vida sobre el frío pavimento.
LAS CIFRAS DEL DRAMA: La víctima, un masculino de entre 40 y 45 años, perdió la vida al instante. Pese a la rápida llegada de paramédicos de APREVIT y Protección Civil Municipal, solo pudieron confirmar lo irreversible: ya no había signos vitales. El hombre yace aún sin nombre, a la espera de que la necropsia en el Servicio Médico Forense revele su identidad y su historia trágicamente truncada.
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UN ESCENARIO DE GUERRA Y PROMESAS VACÍAS: El área, resguardada por Guardia Civil y Guardia Nacional, se transformó en un macabro laboratorio forense donde se encontraron numerosos casquillos percutidos, mudos testigos de la furia asesina. Mientras el personal de la Fiscalía Regional realizaba las diligencias, la pregunta que estalla en la comunidad es ¿hasta cuándo? La ciudadanía clama por acciones concretas, pero solo recibe retórica y enfrentamientos políticos de quienes deberían garantizar su seguridad.
EL GRITO SILENCIOSO DE URUAPAN: Estos nuevos homicidio no son casos aislado; es el síntoma de una epidemia de violencia que las estrategias oficiales no logran contener. La colonia Casa del Niño, hoy en shock, simboliza el abandono y la desesperación de una población que vive entre el luto y el miedo, exigiendo soluciones reales y no meras batallas dialécticas.
La sangre corre, los asesinos escapan y la sensación de indefensión crece. Uruapan exige respuestas, no promesas. La vida de un hombre más se ha perdido, y tras ella, la confianza en un sistema que prioriza la confrontación política sobre la protección de sus ciudadanos.
























