Morelia, Michoacán, 28 de noviembre de 2025.- En un encuentro con medios de comunicación, el fiscal general de Michoacán, Carlos Torres Piña, aseguró que la dependencia a su cargo ha logrado «avances sustanciales» en tres investigaciones de alto impacto, entre ellas el homicidio del líder limonero Bernardo Bravo. Sin embargo, un análisis de lo expuesto revela que, para este caso en particular, los anuncios se limitan a promesas de operativos y órdenes de aprehensión que aún no se cumplen, lo que contrasta con los resultados concretos presentados en los otros dos homicidios.
Durante su informe, Torres Piña detalló avances tangibles en el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, con siete policías municipales y el presunto autor intelectual ya vinculados a proceso. No obstante, al referirse al caso de Bernardo Bravo – figura clave en las protestas por el precio justo del limón en la región de Apatzingán –, la narrativa cambió hacia la anticipación de acciones futuras: la obtención de órdenes de aprehensión y la preparación de «operativos conjuntos» para la «pronta captura» de los presuntos autores materiales e intelectuales, ya identificados.
LA CRÍTICA: EL ABISMO ENTRE EL ANUNCIO Y LA ACCIÓN
Este anuncio deja en evidencia una brecha significativa entre la retórica oficial y la realidad sobre el terreno. Mientras la Fiscalía califica sus avances como «contundentes», la situación actual del caso Bravo se caracteriza por la falta de detenciones.
La estrategia de hacer pública la preparación de operativos genera escepticismo, ya que, en contextos de alta conflictividad como Apatzingán, podría alertar a los buscados y restar efectividad a las acciones.
La insistencia en la «coordinación con autoridades federales» parece ser, en la práctica, un reconocimiento tácito de las limitaciones operativas de la Fiscalía estatal para garantizar la seguridad y ejecutar capturas de alto riesgo en una de las regiones más complejas del estado.
UN CONTRASTE QUE DELATA LA PRIORIDAD
El marcado contraste con el caso del alcalde Manzo, donde ya hay detenidos y procesos judiciales en marcha, PLANTEA INTERROGANTES SOBRE LA PRIORIDAD REAL ASIGNADA A LA INVESTIGACIÓN DEL HOMICIDIO DE BERNARDO BRAVO. La carpeta de investigación de Manzo, integrada con 274 diligencias, parece opacar los avances, presentados como principalmente operativos, en el caso del líder social.
La sociedad michoacana, y en particular la comunidad de Apatzingán, permanece a la espera de que los anuncios se traduzcan en justicia efectiva. LA IMPUNIDAD EN EL ASESINATO DE UN LÍDER QUE ALZÓ LA VOZ POR LOS DERECHOS DE LOS PRODUCTORES NO SOLO ES UNA DEUDA CON SU FAMILIA, SINO UNA HERIDA ABIERTA PARA EL MOVIMIENTO SOCIAL Y UN TERMÓMETRO DE LA CAPACIDAD REAL DEL ESTADO para impartir justicia más allá de los comunicados de prensa.
Hasta que quienes participaron en el homicidio de Bernardo Bravo no estén tras las rejas, las palabras del fiscal Torres Piña sobre «acceso a la justicia para las víctimas» seguirán siendo, para el caso Bernardo Bravo, una promesa incumplida.































