Tingambato, Michoacán, 18 de Marzo de 2026.- La mañana de este miércoles pintó de rojo y luto el suelo de Tingambato, en un nuevo episodio de la guerra contra las mujeres que azota al estado. En un acto de salvajismo extremo, dos jóvenes, de entre 20 y 25 años, fueron masacradas a tiros mientras viajaban a bordo de un vehículo, demostrando una vez más que en Michoacán, la vida de las mujeres no vale nada.
El ataque, que por la crudeza y la saña estremece hasta a los más duros de corazón, ocurrió alrededor de las 11:30 horas sobre la carretera «libre» Uruapan-Pátzcuaro. Las víctimas, indefensas, viajaban en un automóvil Volkswagen Jetta, color negro, cuando fueron interceptadas a la altura del Hotel Eloísa. Sin mediar palabra, sujetos desconocidos las acribillaron sin piedad, convirtiendo el vehículo en una trampa mortal.
«Fue una ráfaga, parecía una ejecución», relataron testigos aterrorizados que dieron aviso al 911. Pero ya era demasiado tarde. Cuando los paramédicos locales llegaron al lugar, lo único que pudieron hacer fue confirmar el deceso de ambas mujeres, cuyos cuerpos quedaron inertes dentro del automóvil, bañadas en sangre.
La escena, acordonada de inmediato por la policía, es un reflejo de la violencia desatada: un auto negro baleado, el cristal roto y dos vidas truncadas por la sinrazón de los criminales. Mientras las autoridades de la Fiscalía Regional realizaban el levantamiento de los cuerpos, un fuerte operativo policiaco se desplegó en la zona en busca de los homicidas, quienes huyeron a bordo de otro vehículo, esfumándose como fantasmas entre la niebla de la impunidad.
Hasta el momento, las víctimas permanecen en calidad de desconocidas, despojadas no solo de la vida, sino también de su identidad. De ellas, solo se sabe que una vestía un top y pantalón negro, y la otra un pantalón de mezclilla azul y playera negra. Dos mujeres más, anónimas en su muerte, que se suman a la escalofriante estadística de feminicidios en Michoacán, un estado donde la violencia contra las mujeres se ha vuelto una constante y la justicia, una quimera.
























