Apatzingán, Michoacán, 13 de Marzo del 2026.- En un acto que parece más una precampaña disfrazada que una conferencia de prensa, la Secretaria de Educación, Gaby Molina, protagonizó ayer un bochornoso episodio de evasión y falta de transparencia. Entre sonrisas y respuestas prefabricadas, Molina intentó esquivar las preguntas de periodistas que, con datos en mano, la confrontaron sobre dos escándalos que huelen a autoritarismo y simulación: EL USO ELECTORAL DEL PROGRAMA SOCIAL «DATA» Y LA OCUPACIÓN MILITAR DE ESCUELAS EN APATZINGÁN.
La pregunta que retumbó en lugar y que la secretaria se negó a responder de fondo fue lapidaria: «¿Qué le garantiza a Michoacán que el programa DATA no se va a utilizar electoralmente?» La evidencia mostrada por los comunicadores fue contundente. Teléfonos de ciudadanos comunes han comenzado a recibir mensajes de texto con claro perfil propagandístico:
«GABY MOLINA, MUJER, MADRE, PROFESIONISTA, APROBADA», O «GABY MOLINA TRABAJA PARA IMPULSAR LA EDUCACIÓN».
Ante esto, la pregunta es obligada: ¿ESTAMOS ANTE UNA SECRETARIA DE EDUCACIÓN O ANTE UNA CANDIDATA EN PRECAMPAÑA UTILIZANDO RECURSOS Y BASES DE DATOS OFICIALES PARA PROMOVERSE?
La respuesta de Molina fue un monumento a la simulación política. En lugar de garantizar la limpieza del proceso y condenar el uso faccioso de los programas sociales, se escudó en una excusa burocrática de manual: «NOSOTROS NO TENEMOS ACCESO AL SISTEMA… ES UN ÁREA QUE NO DEPENDE DE LA SECRETARÍA DE EDUCACIÓN». Esta declaración es alarmante. ¿CÓMO ES POSIBLE QUE LA MÁXIMA AUTORIDAD EDUCATIVA DEL ESTADO NO TENGA CONTROL NI ACCESO A LOS SISTEMAS QUE MANEJAN DATOS DE SUS ALUMNOS Y SUS FAMILIAS? O es una secretaria decorativa, sin poder real, o, lo que es más grave, busca un «deslinde legal» para que el operador político use esos datos mientras ella se lava las manos.
Pero el cinismo no termina ahí. Mientras el gobierno presume de transformación, en las comunidades rurales de Apatzingán la realidad es otra: ESCUELAS OCUPADAS Y DEVASTADAS POR EL EJÉRCITO. Un periodista denunció que planteles educativos han sido convertidos en cuarteles militares, con soldados que «tumban puertas» y destruyen instalaciones, interrumpiendo el derecho a la educación de niñas y niños. La respuesta de Molina ante esta violación soberana del espacio educativo fue, nuevamente, una evasiva: «LAS VAMOS A REVISAR CON MUCHO GUSTO».
«REVISAR» NO ES RESOLVER. EL EJÉRCITO NO PUEDE SER UNA POLÍTICA EDUCATIVA. La presencia de fuerzas armadas dentro de aulas convierte a los estudiantes en escudos humanos y normaliza la militarización de la vida cotidiana. El mensaje de la Secretaria es débil y sumiso ante el poder castrense, evidenciando que, para este gobierno, la seguridad de los cuarteles pesa más que la seguridad pedagógica de la infancia.
Para colmo, mientras el país discute la necesidad de más inversión social, Molina celebró como «histórica» una partida de 212 millones de pesos, una cifra insuficiente ante el rezago de años, y justificó los abusivos cobros de cuotas escolares de hasta 1,400 pesos semestrales con un «APELO AL CRITERIO DEL MAESTRO». ES DECIR, LA AUTORIDAD EDUCATIVA SE DESLINDA Y LE TRANSFIERE LA RESPONSABILIDAD SOCIAL Y FINANCIERA A LOS DOCENTES Y PADRES DE FAMILIA.
Finalmente, al ser cuestionada sobre sus aspiraciones políticas para 2027, la secretaria respondió con un críptico: «Estoy lista para seguir sirviendo a Michoacán». ¿Servir? Lo visto ayer no es servicio, es una estrategia. Entre la opacidad del programa DATA que huele a padrón electoral, y la complacencia con la ocupación militar de las escuelas, GABY MOLINA DEMOSTRÓ QUE SU PROYECTO NO ES LA EDUCACIÓN, SINO EL PODER. Y en ese camino, está dispuesta a usar a los niños, los datos y las aulas como simple escenografía. Michoacán merece respuestas, no actos de campaña pagados con recursos públicos.




















