Morelia, Michoacán, 6 de Febrero de 2026.- En una revelación que estremece los cimientos de la seguridad en el occidente del país, el secretario de Seguridad Federal, Omar García Harfuch, confirmó hoy que el brutal asesinato del presidente municipal Carlos Manzo fue un crimen meticulosamente planeado y ordenado por líderes del crimen organizado con base en el estado de Jalisco.
En un informe explosivo ante medios de comunicación, Harfuch dejó claro que el ataque no fue un hecho aislado o un ajuste de cuentas local, sino una ejecución estratégica dictada desde fuera de Michoacán, evidenciando la peligrosa expansión y coordinación de los grupos delictivos en la región.
«Este fue un crimen planeado por líderes delincuenciales con operación en Jalisco», declaró con firmeza el alto mando federal, descartando cualquier narrativa que minimice la gravedad y el trasfondo del homicidio.
Claves de la Investigación: Coordinación y Advertencia
El secretario no solo reveló el móvil, sino que detalló avances cruciales:
- Se han realizado detenciones claveen el caso.
- Existe una coordinación total entre las autoridades federales y el gobierno de Michoacán para dar con los responsables intelectuales.
- La investigación permanece abierta y activa, con la promesa de que «habrá más capturas» en las próximas horas o días.
Una Advertencia a la Clase Política
En un mensaje directo que busca calmar la tensión política desatada tras el crimen, Harfuch hizo una contundente advertencia: «No hay que hacer acusaciones sin pruebas». Esta afirmación es una clara alusión a los señalamientos públicos realizados por la alcaldesa Grecia Quiroz, quien había apuntado contra los prominentes políticos michoacanos Raúl Morón, Leonel Godoy y Nacho Campos, vinculándolos indirectamente con el clima de violencia.
Con esta declaración, la investigación da un giro trascendental, trasladando el foco de sospecha desde rivalidades políticas internas hacia la estructura de mando de carteles con arraigo en el estado vecino. El mensaje es claro: se persigue a los criminales, no a rivales políticos, y cualquier acusación debe sustentarse en evidencia sólida.
La revelación de hoy pone sobre la mesa una cruda realidad: los hilos del crimen en Michoacán se tejen, en parte, desde salas de mando fuera de sus fronteras, planteando un desafío de seguridad regional sin precedentes.






















